Estadios y rock: el romance terminó
Por Alex Spaceman
La cancelación del recital de AC/DC en Chile, debido a que no habría un estadio donde esta banda pueda tocar (exigencia inflexible del management de la banda al momento de agendar una fecha en cualquier país) ha desatado la ira de los fanáticos del rock. Ira comprensible por lo demás, pero no por eso debiéramos dejarnos llevar por la pasión y no detenernos a analizar los por qué de esta situación que amenaza con repetirse de aquí en adelante, con ciertas bandas de popularidad global.
1 ¿Porqué un estadio y no un teatro como en Europa?: Creámoslo o no, hacer la gira sudamericana es muy costoso para la administración de una banda. Mientras más grande es la banda, más gente trae y más equipos. Los problemas logísticos se incrementan con la cantidad de gente que tienes que llevar y, por supuesto, con la distancia a la que debes mover los equipos. Curiosamente lo que menos problema tiene es mover a los artistas. (Nota para los fans de AC/DC: ¿saben cuánto pesa una campana como la que se usa en “Hell’s Bells”?).
Siempre será mucho más caro traer los equipos a Sudamérica porque tienes que pagar unos fletes aéreos exorbitantes. La Región no está a menos de 10 horas de vuelo de ningún sitio de origen de cualquiera de las grandes bandas. Por ende, para rentabilizar la gira se debe buscar la fórmula que venda más tickets en la menor cantidad de recitales posibles: tocar en un estadio.
Aquí entra el dilema para la productora, que aceptó el riesgo de traer a un artista, y debe proveer todo lo que se requiere: transporte para personal y equipo, acomodaciones en hoteles para toda la gente y un lugar donde puedan tocar, acorde a lo que se solicitó en el contrato inicial con el management de la banda.
En Chile se buscan los lugares posibles para acoger a una banda. Un estadio, un teatro, el Club Hípico. Y dependiendo de la capacidad del recinto y la ansiedad general ante el evento, variará el precio de las entradas. Mientras más pequeño el recinto, más cara debiera ser la entrada.
Mientras más “ansiado” es el evento (en términos económicos, mayor demanda), mayor será el precio. Es tema de otra columna analizar el alto costo de las entradas, pero se puede resumir en tres factores: somos la locación más lejana para venir a tocar, somos los más ansiosos para comprar entradas y somos los que tenemos menos oferta de recintos decentes para espectáculos.
¿Qué ha sucedido este último tiempo? Fiel a la premisa de la viveza criolla, las productoras han bluffeado con los lugares de concierto, ofreciéndolos antes de obtener siquiera los permisos municipales para hacer un evento público.
Una vez confirmado el evento, muchas de estas productoras se encargan seriamente de conseguir los permisos necesarios, teniendo como gran arma de negociación el monto de los arriendos que se entrega al administrador del recinto.
Pero ¿qué ha sucedido últimamente? La segunda mejor opción de Santiago en lo que a estadios refería, San Carlos de Apoquindo, fue vetada por los propios vecinos que, cansados de ver a las turbas que cada cierto tiempo azotaban los cuidados jardines y tranquilas calles de sus aisladas viviendas, sencillamente se aburrieron de que su municipalidad autorizara cualquier tipo de evento masivo en su barrio, ya sea de Daddy Yankee, Placebo, Björk, Simply Red o La Noche. Claro y efectivo y justo. Ninguno toca a ese estadio.
Y aquí esta el problema mayor con la negativa de ChileDeportes: ¿Por qué algunos si y otros no?
2 Chile Deportes: Chile Deportes, para todos los efectos, es el dueño del Nacional y otros estadios públicos. Son los dueños del escenario y disponen libremente si quieren o no arrendarlo. Es su prerrogativa. El gran problema de esta atribución está en los criterios empleados para decidir quién va y quién no va a ocupar la cancha.
“Ley pareja no es dura”, dicen, pero no hay criterios visibles, solo excusas que pretenden defender el fútbol pero que tienen más sentido si se piensa en la línea programática y cultural de un gobierno de centro-izquierda que debe satisfacer losrequerimientos de la intelligentsia de este país, que adora al artista “comprometido” y desprecia a aquel que no milita en los partidos o causas que ellos promocionan.
3 Las bandas: Las bandas son las grandes exculpadas de este problema. Una banda toca donde la llamen, si es que existe el cupo en la agenda. Al nivel de bandas como AC/DC, Rush o la banda de estadio que a cualquiera le guste, ellos ni siquiera se preocupan de eso. La banda a lo más puede decir, “me gustaría que tocáramos en Rancagua, Chile”.
La verdad es el management quien busca la forma más efectiva y eficiente de hacer la gira, el lugar donde puede tocar y el promotor que se encargará de vender el espectáculo en el lugar pretendido. Es factible que suceda que, aunque se pretenda tocar en alguna parte, si nadie está interesado en traerlos a tocar, simplemente no vendrán y tocarán en el lugar donde paguen por verlos. Los músicos, además de hacerlo por gusto, viven de esto, no lo olviden.
4 ¿El problema es del gobierno con las productoras?: En lo personal, al autor le parece que el problema está radicado entre las productoras y el gobierno. No suena lógico que no exista preocupación del estado de la cancha en Madonna o U2 y esta se manifieste en forma extrema en la presentación de Jonas Brothers. Por la peluca de Hannah Montana… si hay algo inocuo para una cancha, ¡eso es una legión de preadolescentes!
Tal vez las productoras no están vendiendo los espectáculos como debieran, no están ofreciendo esa tremenda vitrina publicitaria para un gobierno que es un concierto de rock. No hay forma más efectiva de publicitarte que presentarte ante un lugar con miles de personas.
No se trata de llevar gente a hacer discursos, pero se vería muy lindo un “auspiciado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de Chile” debajo de un recital de una banda, así como lo hace el British Council y la Embajada del Reino Unido con sus artistas.
¿Captan donde puede estar el problema? Otra pista: fue la protagonista de la miniserie “Sor Teresa de los Andes”
5 ¿Un Rockódromo?: Establezcamos desde ya que los grupos de Facebook y reclamos de los foros no tienen el mismo peso que tuvo el famoso “Yo Acuso” de Emile Zola. Dentro de las brillantes ideas que se han planteado, se mencionó la construcción de un rockódromo. No es absurdo, pensando en la existencia de lugares como Red Rocks en Estados Unidos, anfiteatros de grandes dimensiones que pueden alojar conciertos y cualquier clase de obras. Pero eso es algo a largo plazo, muy largo plazo.




