Richard Ashcroft: la música es un mantra

¿Cuantos años esperaron los fans de Richard Ashcroft su venida al país? Sin duda más de lo que el sentido común parecía decir. El último de los grandes exponentes del brit pop llegó a Chile años después que todo el resto, incluso aquellos que volvieron a agrupar sus bandas tras haberse desbandado a principios del 2000. Pero si hubo que esperar tanto para lo que se vivió, absolutamente valió la pena.

El ex The Verve llegó al país gracias a la promoción de These people, su quinto disco solista lanzado hace unos meses, que aunque está por debajo de los tres primeros, editados a principios de los 2000, sirvió para catapultarlo hasta estas tierras. El inglés salió a escena pasada las 21 horas, y comenzó con “Out of my body”, uno de los temas de esta producción que en vivo sonó potente, creciendo respecto a la versión de estudio, lo que fue la tónica de todas las canciones nuevas del músico.

Ello, además, marcó lo que sería el show. En algún momento de los ’90 muchos nombraron a Ashcroft como uno de los mejores frontman de su generación. Una etiqueta que pareció lejana hasta verlo directamente en el teatro Caupolicán, donde quedó claro no su carisma sino su intensidad al interpretar, al dirigir al público y a su banda, identificando los momentos de cada canción, haciendo versiones más largas y, además, entendiendo cuales eran los peaks de comunicación con la audiencia.

ashcroft01

“Space and time” y “Break the night with colour” siguieron en el repertorio y el teatro quedó impactado: Ashcroft se sacó los zapatos y las calcetas y continuó el show entregando el alma. Por eso, los temas fueron como dos oleadas de energía que solo precedieron a lo que vino: “Music is power” en su tono más quieto se sintió enérgica, mientras “Sonnet”, el primer clásico de The Verve que regaló, sonó más potente de lo que prometía, cosa que también sucedió con “Lucky Man”.

Si bien el inglés se vio feliz tampoco gastó mucho tiempo en discursos melosos. Lo suyo pasó por entregar música, de la mejor forma que sabe, remitirse a entregarse sobre el escenario y desde ahí conectar con su público. Cosa que pasó en el set acústico, donde se despachó, entre otras, “A song for the lovers” y un pedazo de “C’mon people”, solo con su guitarra sin que ninguna perdiera fuerza por estar en este formato. Luego “Drugs don´t work”, que terminó rimbombante con la banda de vuelta terminando el tema y el final, era que no, con lo que dijo era “la mejor canción de la historia”.

Es que si algo no se le va a pedir a estas alturas al músico es humildad. No la necesita. Lo suyo no pasa por más o menos arrogancia (algo que, por lo demás, le sobró siempre a varios ingleses de los 90’s), sino por hacer música no solo con talento, trabajo y todo lo demás, sino también con las vísceras. Como si el alma se te fuera en ello, y de vuelta te sanara. Como un mantra.

Fotos por Jennifer Ramos

Setlist: Out of my body, Space and time, Break the night with colour, They don’t own me, This is how it feels, Music is power, Sonnet (The Verve), Science of silence, These people, New York, Lucky Man (The Verve).

Encore: A song for the lovers, History/C’mon people (we’re making it now), Check the meaning, The drugs don’t work, Hold on, Bitter Sweet Simphony.

 

By | 2016-11-04T17:12:50+00:00 October 21st, 2016|En Vivo|0 Comments

About the Author:

Periodista, escritora y nerd. Big boss en Supernovarock y conductora en "De qué hablamos cuando hablamos de nerds" en radio QuéLeo. Colecciono discos autografiados. Vivo y recorro el mundo junto a mis bandas favoritas.

Leave A Comment