Un verano naranja

A veces -la mayoría de las veces, creo- no es necesario andar buscando un sentido a las cosas que se hacen. Llega el momento, se obedece a los gustos personales y ya. Poco a poco, el tiempo y el paso de los días va armando el puzzle y ahí esta todo, con un principio, un desarrollo y un final, como si la historia hubiera estado escrita desde un comienzo.
Este guión comenzó el 1 de diciembre, justo cuando el calendario anunciaba que sí, pronto comenzaría a hacer calor y los días serían agradablemente largos y que, pese al cansancio acumulado y el trabajo cotidiano, todo sería de un color más alegre.
Y asi fue como, mientras esperaba una micro que no pasaba y sabía que al otro día estaría mal genio por la falta de sueño, sentí que si, que había cosas que valían la pena sólo por el gusto y la porfia de querer hacerlas.
Por eso, finalmente vi a Los Bunkers todas las veces que pude y fue humanamente posible hacerlo (literalmente), en el momento que así me propuse hacerlo. Desde el Amanda, al Liguria, a Paine, Andacollo y Blondie: una mini persecución a la banda rockera favorita del momento, sólo por el placer de revivir ese momento único que es estar en un concierto que te gusta.
Y es que todas las veces lo pase demasiado bien. Mientras, conocí gente, lugares, viví momentos divertidos e inolvidables, olvide pensar en cosas y personas que no venían al caso, sublimé los momentos pencas del día a día, disfrute el verano a concho, más que si hubiese estado 15 días en una playa bronceándome. De paso, me inspiré, inundé mis días con más música aún, imagine mundos nuevos y me puse a escribir. Si tuviera que encontrarle un sentido, sólo por esto último habría valido totalmente la pena.
By | 2018-03-16T17:37:08+00:00 March 16th, 2018|Bitacora|0 Comments

About the Author:

Leave A Comment